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Poesia para niños en Cerro Guarani, Panama
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La poesía infantil y la narrativa se cruzan con poca frecuencia. Es poco habitual que se escriba poesía narrativa o épica, y cuando se hace suele rehuirse de forma clara el componente heroico, como en Los visigordos, de José Ramírez Lozano, o La vieja Iguazú, de Darabuc. Más extraño aún es que se creen poemas en prosa para niños, aun a pesar de que la tradición ha adscrito al género Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez.
La relación de la poesía infantil y el teatro es más habitual. Por un lado, el teatro en verso es más frecuente en el caso del público infantil que en el de adultos, donde hoy ha quedado relegado a la revisión de los clásicos o a la experimentación; es así porque, sobre todo combinado con el humor y la sorpresa, es una forma muy eficaz (además de muy tradicional, por ejemplo, en el teatro de títeres. Por otro lado, son numerosos los poemas aislados que adoptan forma dialogada. En general es una forma expresa, visible como tal; autores como Marisa López Soria han experimentado con la incorporación de voces de forma tácita. En algunos casos excepcionales, todo un libro puede escribirse para dos voces, de forma que exige ser recitado teatralmente; así lo ha hecho por ejemplo Paul Fleischmann.
Características formales
La poesía infantil suele asociarse, en la tradición hispanoamericana, con la métrica estudiada (regular y breve, o cantarina, en imitación de melodías) y un uso muy frecuente de la rima (mayoritariamente, de la consonante). Los ejemplos son muy numerosos: Mirta Aguirre, Efraín Barquero, Germán Berdiales, Carmen Conde, Carlos Lapeña (con la recuperación del género de los ovillejos, como rasgo más notable), Carlos Murciano, Ana María Romero Yebra, Celia Viñas, María Elena Walsh (autora que además ha dedicado una especial atención al limerick), etc. No se trata de un formalismo, sino de un eco de las coplas, cuartetas, canciones y fábulas en verso tradicionales. Sin embargo, la misma tradición utiliza el uso de métricas y rimas imperfectas; en el caso de España, el ejemplo más conocido es el de Gloria Fuertes y sus improvisaciones; esa forma más laxa es la que emplea también Juan Carlos Martín Ramos o el siempre sorprendente José A. Ramírez Lozano. Antonio A. Gómez Yebra ha prestado especial atención a un género de forma indeterminada, aunque por lo general dado a los paralelismos y las estructuras regulares (métricas o no), como el de las adivinanzas.
Escrito por CIEENZA S.A.S en Colombia para: Cerro Guarani, Panama| Twittear |
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